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Huevo de rey, tesoro micológico

Considerada como una de las setas más apreciadas de nuestra geografía, los recolectores de este pequeño tesoro están de enhorabuena este otoño. Las suaves temperaturas y las abundantes lluvias caídas durante las últimas semanas han hecho que la cosecha de Amanita caesarea o huevo de rey sea una de las más productivas de los últimos años.

La Amanita caesarea, suele encontrarse en suelos de naturaleza silícea, poblados por bosques aclarados de alcornoques, robles, encinas o castaños y para su recolección, debemos tener en cuenta las características físicas de esta seta de sombrero anaranjado brillante con forma de huevo, en su etapa más joven, y aplanado, en la senectud. Sus láminas, gruesas y de color amarillo oro, no tienen olor en su juventud, aspecto que hace que esta seta sea apreciada para uso culinario por la gran versatilidad que presenta en la cocina, pudiéndola presentar cruda o mezclada con otros ingredientes, mientras que según va envejeciendo presenta un olor característico a pescado podrido. Especial atención hay que poner para no confundirla con la Amanita muscaria , tóxica, de la cual se diferencia por su sombrero color rojo escarlata y sus láminas blanquecinas.

Esta joya de la naturaleza, la podemos encontrar principalmente en la mitad occidental peninsular, apareciendo entre últimos los días de septiembre y primeros de octubre, alargándose su presencia hasta principios de noviembre en los mejores años.

Pero su floración y abundancia depende de unos factores muy concretos conocidos como “choque térmico”. Ha quedado demostrado en años de buena cosecha, como es el actual, que previamente a la aparición de las setas se ha debido de producir un calentamiento del suelo, para, posteriormente, producirse un descenso de su temperatura de manera brusca por causa de una tormenta de verano. Así, días después de haber llovido y aún con el suelo seco, aparecen estos pequeños huevos por el suelo que hacen las delicias de nuestros paladares.

Sin embargo, los hábitats más adecuados para la fructificación de la especie se están reduciendo en las últimas décadas, llegando a quedar relegadas a bordes de montes y caminos por causa del abandono de los usos forestales, hecho que puede condicionar en algunas zonas su desaparición.

Con todo esto, ya no quedan excusas para salir a nuestros castañares, encinares y robledales en busca de las bondades de esta maravillosa seta y disfrutar de estos días soleados que el otoño aún nos ofrece antes de la llegada del invierno.