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Cultivando Educación Ambiental: Huertos Escolares en Valladolid

La iniciativa llevaba rondando en la cabeza mucho tiempo. Ya desde pequeños nuestras mentes inquietas se preguntaban qué pasaba más allá de aquella alubia y aquel garbanzo que nuestros profesores nos mandaban meter en un algodón mojado y del que surgían unos tallos y unas raíces que incluso parecían tener inteligencia propia, ya que por más que las diéramos la vuelta y las fastidiáramos, ¡nunca las raíces iban hacia arriba y los tallos y las hojas hacia abajo! Algo que nuestros maestros se empeñaban en llamar algo así como geotropismo positivo y negativo.

Todo aquello estaba muy bien, pero al final, nuestra querida alubia o nuestro querido garbanzo, terminaban muriendo, casi siempre por no poder trasladarlo a un lugar donde completara su ciclo como planta, y nuestras dudas aumentaban planteándonos qué hubiera sido de él/ella: si nos hubiera dado más alubias y más garbanzos, cómo habrían sido estos, si los habríamos podido comer...

Unos años después (concretamente, cerca de los treinta, y después de haber visto diferentes semillas y plantas que han pasado por nuestra experiencia profesional), decidimos ponernos en el lugar de ese niño inquieto que hoy está en el colegio y mostrarle a él y a todos sus compañeros no sólo la vida de una planta, sino toda la de un ecosistema que puede llegar a ser fascinante y que lo tenemos al alcance de un pedazo de tierra, comestible poco después: el Huerto.

Estos principios son los que llevamos desarrollando, desde el curso pasado, en un programa de Huertos Escolares en diferentes Centros Educativos de Valladolid, enfocando la educación de una manera divertida al tiempo que se trabajan conceptos que después los profesores tratan en el desarrollo de sus asignaturas, y se consigue que los escolares muestren un interés propio hacia la vida en el huerto, como una diversión más, incluso en los recreos y las horas fuera de clase.

Con lo que nos alegramos de que cada vez sea mayor el número de Centros Educativos que se animan a instalar un huerto escolar, como recurso, con amplias posibilidades pedagógicas, con el que se puede trabajar la educación ambiental, sobre un alumnado eminentemente urbano y desarraigado del medio natural y de las relaciones con la tierra, posibilitando desde la experimentación en las interacciones con el mundo hortícola, frutícola y forestal hasta la reflexión sobre la alimentación que consumimos en la actualidad.

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Pero en esta entrada del blog, no solo pretendemos hablar de los grandes beneficios de los huertos escolares, si no dar un esquema de la metodología a emplear para que el huerto sea una herramienta eficiente para la educación y no se convierta con el paso del tiempo en un pedazo de tierra abandonado por el que un día hubo interés, pero que la falta de constancia que exige su trabajo lo llevo al abandono. Por tanto, la consecución del éxito de nuestro huerto escolar dependerá de los siguientes aspectos:

  • El huerto escolar debe ser considerado un proyecto común con el que todos los integrantes del Centro se sientan identificados, siendo así un punto de reunión y encuentro de profesores, alumnos y AMPA, donde no solo se traten, como ya hemos adelantado aspectos educativos, sino donde, a mayores, se fomente la diversión y autoaprendizaje.
  • Se pone en marcha la curiosidad de los más participantes. El huerto es el lugar idóneo para despertar los sentidos. Los olores, los colores, el tacto con las plantas, la tierra y los animales que merodean entre los bancales atrae el deseo innato de explorar que todos llevamos en nuestro interior, en especial las edades más tempranas.
  • Aplicar la metodología del ensayo-error. Solo a través de nuestros propios errores iremos avanzando y afianzaremos así aún más los conocimientos. ¡No hay que desesperarse si no sale todo lo que se pretende! Al fin y al cabo, estamos en la escuela, ¿qué mejor sitio para aprender?
  • El tipo de agricultura que vayamos a desarrollar debe respetar las leyes de la naturaleza, sus tiempos, relaciones entre plantas, interacciones con animales que luchen contra las plagas... vamos, un huerto ecológico.
  • En lo simple está la base del éxito. No hace falta complicarse con plantas delicadas y que necesitan cuidados excesivos. Hay decenas de ellas que harán las delicias de nuestro bancal y con las que con un mínimo de atención conseguiremos cumplir nuestros objetivos.
  • Y para los profesores: En las primeras ocasiones que salimos a realizar una actividad fuera del aula, entre los alumnos se puede generar un gran descontrol... ¡no desesperar! Con el tiempo, todos sabremos cuál es nuestro lugar en el huerto y qué papel tenemos que desarrollar.

Por último, queremos cerrar con el consejo más importante de todos, sin el cual el sentido del huerto escolar pierde todo su interés: ¡disfrutar!


Este programa recibió la invitación de participación en el I Seminario Huertos Ecológicos y Educación Ambiental, organizado por el CENEAM y celebrado en Valsaín del 25 al 27 de mayo de 2015. Consulta presentación del programa